domingo 4 de octubre de 2009

Sobre las comidas

Me gusta comer solo. No por nada, no odio al mundo, no odio a mis vecinos, no impido que nadie me acompañe o me hable, pero suelo evitarlo. Considero que una de las grandes taras del ser humano es el miedo a la soledad. Tenemos terror a estar solos, en silencio, sin nadie con quien comentar la última tontería de turno. Mi teoría es que tenemos miedo a pensar, pero ése es otro tema, tal vez más indicado para otro blog.

Todo esto viene a que este año como y ceno solo en la residencia, pero no me quejo. Me gusta, es un momento en el que estoy tan alejado de mi portátil, mi televisión y mis libros que realmente puedo pensar en otras cosas. En Nietzsche y su forma de ver la vida, en las cadenas de carbono que forman mi cuerpo, en cómo funciona nuestra mente, en juegos e ideas para hacer con mis amigos,... mil cosas.

El año pasado, me sentaba con tres chavales: Pablo, David y Javi. No eran mala gente, no demasiado, Nos unimos los primeros días por ser los únicos que les plantamos cara a los veteranos e íbamos a nuestro rollo; una película hoy, a la hamburguesería mañana, una partida a la consola,... Nos llevabamos bien, pero no éramos amigos; colegas, buenos compañeros, sí, pero no amigos. Hoy están en pisos, hemos cruzado alguna palabra por Internet, pero nada más. Nos juntamos para adaptarnos, y una vez conseguido, no nos necesitamos más.

Con el resto, hay de todo, gente maja e indefinibles. La diferencia es que a los primeros los saludo, pero nada más. No comemos juntos. Una vez lo intenté, bueno, de hechos ellos se sentaron conmigo, pero la experiencia no me satisfizo en absoluto. Conversaciones sobre el tiempo, las clases, el fútbol, silencios incómodos,... no gracias. El buen ambiente se crea, no se fabrica, y allí no aparecía por ningún lado. Así que ellos por su lado, yo por el mío y tan felices todos. Ellos hablan de sus cosas y yo pienso en las mías. Y me gusta así.

domingo 28 de junio de 2009

Reflexiones en una cabaña de madera

Entendí tus palabras, pero no sé comprenderlas. No sé conformarme, no tengo punto medio, no encuentro el equilibrio que ambos ansiamos. Lo que sí comprendo es que las cosas nos son como yo las imaginaba, más bien ocurre lo contrario. Creía que eras mi complemento sin darme cuenta que yo no era el tuyo. Mi hogar es mi patria mientras que el tuyo es una maleta en las bodegas de un avión. Tú intentas disfrutar de la vida, yo no paro de complicármela y jodérmela.

Ha pasado pocoa más de una semana y apenas he pensado en ti. Otra se me ha cruzado en el camino. Por una parte, creo que puede ser oportuno, para olvidarte, para que lo que ahora escribo, pienso y siento cale tan hondo en mí que no lo olvide la próxima vez que te vea. Quiero tu amistad. No quiero querer tus besos. Por otro lado, me descubro dando pasos hacia atrás, pensando en una chica de la que lo único que sé es que tiene novio, sin pararme si quiera a pensar si es lo que realmente necesito y quiero. Cuando más faltan me hacen mis pilares, no estáis, yo me he ido, me he alejado de vosotros para poder pensar, y me he encontrado con nuevos demonio, que en el fondo son los mismos de siempre pero con otro rostro, a los que ahora he de hacer frente solo. Y temo repetir los mismos pasos que siempre he hecho, lo mismos que tanto conozco, los mismos que tanto temo, los mismos que tanto dolor y sufrimiento me han acarreado. ¿Por qué no será todo tan sencillo como las Matemáticas? La vida es un duro juego cuyas reglas no aseguran la victoria de nadie.

Intento evitarlo, a veces incluso me ilusiono creyendo que lo conseguiré, que no volveré a caer en el mismo error, pero por dentro sufro, y en esta ocasión más que en ninguna otra ese sufrimiento está a punto de salir a la luz. Las lágrimas se agolpan tras mis ojos y sólo la costumbre impide que formen las amargas cascadas de aquel que no sabe qué hacer. Pero tengo muchas ganas. No sé si de verdad me siento tan mal o es que he retrocedido tanto como para volver a construir mi burbuja. No quiero repetir lo que sé no sirve de nada, pero noto que lo necesito. Necesito soledad, pero no quiero pensar.

sábado 30 de mayo de 2009

Don

"A pesar de todo que difícil es que no me duela estar sin ti." Mago de Oz

"El mayor de todos los dones es el amor." San Pablo

No lo encuentro. No está dentro del armario ni debajo de la cama, no está en el fondo de un cajón ni entre los folios de apuntes. No lo olvidé en clase o en el autobús, el conserje no lo ha visto, tampoco mis compañeros. No lo encuentro en Alicante, no está en Albacete. Ha desaparecido. Mi don ha desaparecido.

Pero claro, hace semanas que no te veo, que no te oigo, que no te hablo, que no te siento. Ya casi no recuerdo el sonido de tu risa, el olor del viento meciendo tu pelo, la manera en que el sol se refleja en tus ojos. Todos son recuerdos borrosos, hasta mis sueños son menos frecuentes. Se supone que debo olvidar, pero qué difícil es. Porque cuando alguien dice tu nombre, oigo tu risa, huelo el viento y me deslumbran tus ojos. Mi don no está, tú lo tienes. Lo pierdo si estoy sin ti y cuando estás conmigo no lo necesito. ¿Así de qué sirve? De mucho, de todo, porque por él respiro, por él me levanto cada mañana. Porque mi don, ya lo sabrás, eres tú.

miércoles 27 de mayo de 2009

Sobre el odio

Caminando recuerdo. Recuerdo que hace mucho tiempo que descubrí que la raya que separa el amor del odio es muy, muy fina. Hablo del verdadero odio, aquel que saca lo peor de nosotros, la parte más oscura y abyecta de nuestra alma. Sólo he odiado una vez, pero durante mucho tiempo. Aquel odio nació del amor, del rencor, de la burla y la humillación. Me dormía pensando grandes males y despertaba pensando en cómo lograrlos, en lo más profundo de mi ser deseaba verla fracasar en todos sus sueños y aspiraciones, en todo lo que le importaba.

Estoy hablando, cómo no, de Lourdes. Durante más de dos años, siempre intenté ir en su contra, oponerme a todo lo que ella decía, quería u organizaba. La anti-cena, en la que yo y otros cuantos nos fuimos por ahí de cena de bachilleres sin el resto, es un buen ejemplo. A lo largo de esos dos años, crucé la frontera amor-odio varias veces, cuando le daba clases de Matemáticas para que aprobara 1º, cuando se lió con un compañero, cuando hablabamos por msn, cuando releía sus cartas,... Me comía la cabeza por ella, y llegué a odiarla por ella. hasta que, hace poco, pensé "¿para qué?". Probablemente no vuelva a verla nunca, no sabré si es feliz o si se cumplen mis deseos de venganza, si se casa y tiene hijos o si cae presa del alcohol y las drogas,... Simplemente, me da igual, yo seguiré hacia delante sin que me importe. El que al fin haya dejado de verla en clase me ha ayudado a verlo con perspectiva, a ver que aquel odio no era si no la transformación de lo que un día sentí por ella (tampoco me atrevería a llamarlo amor, fue más bien una obsesión por mi parte). Si la odiaba, entonces me importaba. Pero no me importa, Ya no. Ya no le deseo ningún mal, le deseo lo mejor, que las cosas le vayan bien, yo le perdono todo lo malo que me hizo, todo el dolor que me causó pero que no nos volvamos a ver. Mi odio yace enterrado con su recuerdo, señalado con el colgante plateado que le regalé un día y que ahora descansa junto al violín como recuerdo del mal y el dolor que algunas decisiones conllevan.

domingo 17 de mayo de 2009

Sobre las elecciones

Una dulce melodía entre la niebla me lleva hasta un pedestal sobre el que descansa un violín, un instrumento que me trae muchos recuerdos. Nunca llegué a tocarlo, y mucho que lo siento. Ya en tercero mi tutora me dijo que debería apuntarme al conservatorio y yo, estúpido de mí, no seguí su consejo. Tal vez nunca habría llegado a aprender a tocar el violín, o el piano o cualquier otro, pero sin duda habría sido una experiencia... enriquecedora. Esa fue mi elección, y yo soy sus consecuencias. Si yo me hubiera apuntado al conservatorio, quizás mis padres no me hubieran apuntado a los scouts y me habría perdido una manera de vivir maravillosa, o no habría podido estar en el equipo de rugby, sin aprender lo que es el verdadero deporte en equipo.

Y el violín también me trae recuerdos relacionados con los distintos caminos que se nos abren y con el post anterior. Y es que Natalia tocaba el violín. Sólo la escuché tocar una vez, y no recuerdo como fue, pero me gusta pensar que disfruté. Porque aquella Natalia era una chica simpática, agradable, con la que todo el mundo quería estar, con la que era imposible llevarse mal,... Sin embargo, pasó el tiempo, se presentaron ante ella ciertas bifurcaciones en las que no creo que tomará el camino correcto, y poco a poco, lo que un día sentí por ella se acabó. Porque cuando te acuestas con uno y te levantas con otro, sueles perder a ambos. Era una chica maravillosa, eligió, y ahora es lo que es. No pretendo criticarla, sólo mostrar como nuestras decisiones afectan a nuestras personas, a nuestro ser. Ella tomó sus decisiones y yo las mías, nuestros caminos se separaron y hemos acabado siendo personas totalmente diferentes. Lo que me pregunto ahora es qué me llevó a mí a tomar mis decisiones y porqué ella tomó las suyas. Quizás más adelante...

domingo 10 de mayo de 2009

Sobre el amor

Es lo bueno de los viajes largos, te dan tiempo para pensar. Antes hablé de la arrogancia para definirme, pero es sólo el principio. Otro faceta también importante en mí es la tendencia al... ahora dudo si llamarlo "enamoramiento" o simplemente "enchochamiento". Cada caso fue de un tipo distinto, pero la base es la misma. Soy tremendamente enamoradizo. Y como prueba, aquí traigo la lista que se grabó, con mayor o menor fuerza, en mi corazón, o al menos cerca de él, a la altura de la pleura.

  1. Rosario. No recuerdo su cara, ni tan siquiera si es ése su nombre. Es lógico, ya que ocurrió cuando aún íbamos al parvulario. No creo que pueda considerarse algún tipo de romance o de relación más allá de la amistad infantil, pero aquí dejo testimonio, al menos, como atenuante.
  2. Lucía. Ésta sí que me es imposible olvidarla, aunque supongo que de tanto recodarla habré acabado idealizando sus rasgos (no creo que hubiera una rubita de ojos azules como ella tan cerca de mi casa). Y lo más curioso es que tan sólo la vi una tarde, quizás dos horas, quizás media, nada más, pero me pegó muy fuerte. Me pasaba el día dibujando corazoncitos con nuestros nombres por todos lados. El primer amor (no correspondido, ninguno lo fue) infantil, irracional e idealista. Ella nunco lo supo. Ocurrió cuando estaba en primero.
  3. Marta. Otra rubia, ásta con los ojos grises. Ocurrió en mi segundo campamento scout, en 2001. Lo que empezó como una apuesta entre los chicos derivó en mí declarándome delante de todo el mundo. Es el primer caso conocido en el que la declaración provocó el sentimiento y no al revés. Al año siguiente, desapareció, y nunca más volví a saber de ella.
  4. Alicia. Tercer campamento, 2002. Por aquél entonces, en el grupo ya se comentaba que un campamento no era tal hasta que yo no me enamorara. Era una chica de Madrigueras, ya no era rubia, que vino invitada por su prima. Esta vez tuve la decencia de no avergonzarla delante de todo el campamento. Al acabar el campamento, volvió a su pueblo y sentimiento apagado.
  5. Arancha. Curioso que conforme me acerco al presente me cueste más recordar. Supongo que al alcanzar la adolescencia aumentó la frecuencia de mis flechazos, de ahí mi confusión. Bueno, el caso es que ésta es la primera más o menos serio. La conocía desde hacía años, habíamos ido siempre juntos en clase, vivíamos muy cerca,... No era una "cualquiera" que me encontré de buenas a primeras, vamos. Aún así, el resultado fue el mismo, con la diferencia de que seguimos viéndonos en clase y, posteriormente, en el instituto. Ocurrió en sexto, sobre el 2003.
  6. Sheila. Un paso atrás. Quedé prendado de ella el primer día que la vi en clase. No recuerdo si llegó a enterarse. La sensación no duró ni tres meses. Primero de ESO, 2004.
  7. Nuria. Un nuevo paso atrás, no por ella, que era muy buena chica, si no por mí, ya que sólo la conocía de verla ir y venir del colegio. Gracias a una compañera, conseguí enviarle una carta, con lo que se quedó "flipando en colores". Lógico. Ocurrió también en 2004, creo.
  8. Natalia. Aquí ya empezamos con cosas más serias. Aquí sí puedo afirmar sin temor a equivocarme que estuve enamorado de ella, lo estuve durante años. No puedo decir cuándo empezó, y acabaría sobre el 2006. Aunque nunca se lo dije a nadie, era un secreto a voces en los scouts. Nunca disimulé bien. Acabó con un buen amigo mío, lo que me dolió bastante, pero el sentimiento se apagó, y el corneado fue él. Después de todo, tuve suerte.
  9. Lourdes. ¿Qué decir que no se sepa ya? Tan sólo decir que acabé con mucho rencor dentro de mí hasta que hace poco descubrí que no merecía la pena. Así que le pedí a un amigo que destruyera sus últimas cartas y seguí hacia delante.
  10. CR7. El último caso, a quién mi más estrecho círculo cariñosamente apoda Cristiano Ronaldo, CR7. Únicamente tres personas conocemos su identidad, y puedo decir orgullosamente que ella es una de las tres. Lo sabe, al igual que yo sé que sólo somos amigos, y que por nada del mundo arriesgaría eso. Sin embargo, en torno a su nombre es donde más niebla hay, y es que todavía hay noches que sueño con ella, que me descubro pensando en ella,... Todavía no sé que es lo que siento por ella. Por eso no descubriré su identidad, por el momento.

Esto es lo que hay dentro del pedestal de hielo de la estatua, una pizarra con todos esos nombres, esperando que uno de ellos sea el adecuado para impedir que la estatua caiga y se haga pedazos. La mayoría no fueron nada, pero los tres últimos nombres si que merecen un análisis más profundo. Quizás la música de aquel violín me sea de ayuda.

martes 5 de mayo de 2009

Sobre el ego

Si hay una falta que he cometido millones de veces, ésa es sin duda la soberbia, la arrogancia, el orgullo desmesurado. Y me gusta que sea así. Me gusta que ese pensamiento anide en mí, esa sensación de sentirse mejor que el resto, la idea de mirarlos desde encima del hombro,... Soy un arrogante, y me gusta. Lo primero que se ve entre las nieblas de mi mente no es sino una gran estatua con mi figura, mirando al frente vestido como los caballeros de antaño, con la armadura brillante, usa afilada espada levantada hacia lo alto, un casco con forma de cabeza de dragón y una gran capa blanca azotada por el viento.

Me gusta imaginarme sentado en mi gran trono, el Trono del Kaisher. No un emperador, sino El Emperador, el único y más grande. Me gusta imaginar a todo el mundo postrado a mis pies, imaginar todo el planeta dominado por la sombra de mi bandera,... No hay día que no imagine mil planes distintos para ello ni semana en la que no desee tener el ejército necesario para hacerlo realidad. Poniéndolo ahora por escrito es inevitable que se me escape una sonrisa.

Y sin embargo, fijándome de nuevo en esa estatua, veo que el pedestal sobre el que se alza está hecho con una fina capa hielo, un hielo que hay que estar enfriando continuamente para que no se derrita y que se viene abajo con el más mínimo golpe. Me parece como mínimo curioso que tanta ambición y orgullo se reunan en un ser de tan poca confianza y seguridad en sí mismo. Quizás una cosa vaya por la otra, un exceso y una carencia que me mantienen en un precario peligro, pero eso no responde algunas preguntas, Por ejemplo, ¿qué soy? ¿Un proyecto de gran hombre que necesita coger confianza? ¿O un ser débil que busca en el reflejo de unos sueños imposibles todo aquello que no es? La saolución debe estar más adelante, por lo que creo que seguiré caminando.